lunes, 24 de abril de 2017

Lionel Messi y sus 500 goles.

Por Andrés Retamozo (socio del CIHF).

Lionel Messi logro una hazaña reservada para jugadores de otras épocas: convertir 500 tantos con una sola camiseta, pero no fue el único logro que consiguió ayer puesto que encadenó una serie de récords.

Primero desglosaremos las 500 dianas que indican lo siguiente, 343 por Liga, 94 en UEFA, 43 en Copa del Rey, 12 en Supercopa de España, 5 en Mundial de Clubes y 3 en Supercopa de Europa, siendo el máximo goleador de la liga local y la Supercopa del país, compartiendo el primer puesto de artilleros de la Supercopa del viejo continente y el Mundial de Clubes, jugador activo con más festejos en la Copa y no europeo con más gritos en Champions.

En el primer tiempo festejo 282 veces, 277 en el segundo y una sola en tiempo extra suplementario, en la primera parte del partido 153 veces marco un solo tanto, 30 veces 2, y tres veces 3, en cambio en la segunda mitad del partido 4 veces grito 3 goles, 55 oportunidades 2 dianas y 155 un solo tanto, en 84 encuentros festejo en los dos tiempos.


Sobre los 500 tantos 402 fueron de zurda (275 Liga, 36 Copa, 8 Supercopa de España, 76 UEFA, 3 Supercopa de Europa y 4 Mundial de Clubes), 73 con la derecha (53 Liga, 3 Copa, 3 Supercopa de España y 14 UEFA), 22 de cabeza (14 Liga, 3 Copa, 1 Supercopa de España y 4 UEFA), 1 con la mano (Liga), 1 de pecho (Mundial de Clubes) y 1 de cadera (Copa).


Cinco de sus tantos fueron para achicar una desventaja, 41 para empatar, 179 para desempatar de los cuales 119 para salir del 0-0, 130 para sacar ventaja de 2 tantos y 145 para golear, (73 veces para superar por más de 3 tantos al rival, 46 sacando ventaja de 4 goles, 17 por 5 dianas, 5 por 6 gritos, 3 por 7 tantos y una para aumentar a 8 la diferencia).


El año 2012 con 79 tantos fue cuando más realizó (récord mundial para un año calendario), la temporada 11/12 con 73 el período que lo vio inflar más redes (récord), marzo con 71 festejos en su mes favorito, sábado con 178 gritos en su día de la semana más efectivo, el 2 de mayo su fecha más prolífica ya que logró 7 goles, 2 en 2009 y 2015 y 3 en 2012.


Guardiola es el DT que más lo vio festejar con 211 dianas, Diego Alves el arquero que más lo sufrió con 21 tantos, el Sevilla a quien más convirtió con 29 (19 local, 8 visitante y 2 neutral, aparte 23 fueron por Liga , 4 en Supercopa de España, y 2 en Supercopa de Europa), por UEFA al Arsenal es al que más marcó con 9, y al Real Madrid a quien más doblegó en Supercopa de España con 5, por Copa del Rey sus víctimas favoritas fueron Bilbao y Getafe con 6.



Video del primer gol de Lionel Messi en Barcelona.

Ocurrió en 24 de abril

1913. Se disuelve Alumni. Los fondos de la institución, poco más de 12.000 pesos, fueron destinados a entidades benéficas, siendo la más favorecida el Hospital Británico.

1923. Real Madrid inaugura su cancha de Ciudad Lineal derrotando 2 a 0 al Real Unión Irún.

1937. Parte hacia París la selección vasca huyendo del franquismo. Tras jugar en la Unión Soviética (Rusia, Ucrania y Georgia), Polonia, Finlandia, Noruega y Dinamarca, viajó a Estados Unidos, México, Cuba y Argentina. La intención de jugar en Buenos Aires fue frustrada por Jules Rimet, presidente de la FIFA que amenazó con sancionar a la A.F.A. si le permitía actuar en nuestro medio.

1954. Visita del equipo alemán de Rot-Weiss (Essen). Le ganó a Independiente 3 a 1.


Noticias gentileza de Ricardo Gorosito y Jorge Gallego.

domingo, 23 de abril de 2017

Las visitas de los clubes a México: la década del 70 (primera parte)

Este segmento de la historia estuvo marcado especialmente por el Mundial que México organizó en 1970, lo que movilizó al país no sólo en lo deportivo sino también en lo político y social. Aquí, un resumen de las noticias y curiosidades más relevantes.

Por Marcelo Víctor Assaf Martín (Ciudad de México), socio del CIHF.

Fue fundamental en este período de tiempo el Mundial que México organizó en 1970, algo que movilizó al país no solo en lo deportivo sino también en lo político y social. El evento, añorado por muchos, dejo un recuerdo enorme en algunos aficionados, algo que se evidencia en la actualidad con la exposición de productos alusivos a esa Copa del Mundo, en lugares donde se venden objetos usados, y en las conversaciones entre aficionados.
El interés de México por ser anfitrión siempre fue gigantesco. Venía de organizar los Juegos Olímpicos en 1968, año en que se produjo una famosa matanza estudiantil conocida como “La masacre de Tlatelolco”, y poco después se animaría con los Juegos Panamericanos de 1975. Pero no se quedaría atrás y llevó a cabo un nuevo Mundial en 1986, como todos saben. 
Aun así, ante cada visita de un mandatario de FIFA, la prensa, y hasta el presidente de la nación, preguntan con ansiedad la fecha aproximada en que México podría ser designado una vez más como impulsor de la Copa del Mundo.
En el primer lustro de los 70 la actividad de clubes no se detuvo nunca, al contrario, se incrementó en combinación con la preparación de las selecciones nacionales que iban a afrontar el Mundial disputando una gran cantidad de partidos amistosos. Aunque el público asistiría a los últimos torneos internacionales (pentagonales y hexagonales) de clubes que tanto añorarían en el futuro.
Esta parte de la historia marcó el inicio de las liguillas en los certámenes de Primera División como así también se dieron varias novedades que derivaron en situaciones curiosas. Por ejemplo se intensificaron las series de tiros desde el punto penal –que en México datan de los ’50- dándose el caso que algunas terminaron igualadas.
A nivel de clubes destacaron el América de Enrique Borja y el chileno Carlos Reinoso así como el Cruz Azul de los argentinos Miguel Marín y Alberto Gómez, el mundialista chileno Alberto Quintano (primeros extranjeros de la historia del club) y Octavio Muciño, ídolo de la época que murió baleado en un episodio escandaloso. Lo mismo el León de José Rafael Albrecht, Jorge Davino, Juan José Valiente y Roberto Salomone, y el Toluca que siempre contó con uruguayos como Walter Gassire y Matosas y el ecuatoriano Italo “el gato salvaje” Estupiñán.
Pero el cierre del primer lustro de los 70 fue nefasto para el fútbol de México porque la selección nacional no logro clasificarse al Mundial de Alemania al quedar eliminada en Haití, luego de la hegemonía impuesta en CONCACAF durante décadas. La goleada de 4-0 recibida por Trinidad y Tobago caló muy hondo en la prensa y la afición, preanunciando peores días a nivel internacional.
VII Pentagonal en México D. F.
La ceremonia inaugural del VII Pentagonal resultó muy emotiva con el izamiento de las banderas de los 16 países que estarían en el Mundial 1970. Luego hubo un desfile de señoritas con las pancartas de las naciones, banda de música y el saque inicial, a cargo de Sir Stanley Rous, presidente de la FIFA.
Se volvieron a disputar algunos partidos a las 12 del mediodía, en un hecho cuestionado porque a esa hora disminuye el rendimiento del jugador. 
Jugó el Combinado de Primera División, que en realidad era la selección de México, algo que disgustó a muchos por el bautizo que recibió ese equipo, al considerarse una actitud eufemística. El entrenador Raúl Cárdenas contaba con Javier de la Torre, multicampeón con Chivas, y el argentino Alejandro Scopelli como entrenador auxiliar y asesor técnico respectivamente. 
Otro participante, el Botafogo, llegó respaldado por sus anteriores visitas, que fueron numerosas y dejaron grato recuerdo en la afición, siempre proclive a apoyar a lo que fuera brasileño. Campeón en 1967 y 1968, tercero en 1969 ya no tenía al gran Gerson Núñez de Oliveira, que pasó al São Paulo, y se lo añoró.
Spartak Trnava concurrió como bicampeón de Checoslovaquia (ganó en 1968 y 1969) y como líder del torneo que en ese entonces disputaba en su país. Entre sus valores figuraban el delantero Jozef Adamec (dos veces goleador de liga), Karol Dobias y el robusto defensa Stanuslay Jarabek. Después de jugar en este Pentagonal, fue a Lima y perdió 3-2 con la selección de ese país, igualando 1-1 en otro cotejo.
Guadalajara, que participó como campeón vigente, no pudo contar con su portero Ignacio Calderón ni con Alberto Onofre, dos de sus principales jugadores, convocados por la selección nacional, que actuó en el Pentagonal como Combinado de Primera División. Luis Estrada, un fino delantero del León, actuó como refuerzo de Chivas.
Luego de la victoria de 2-1 sobre el Guadalajara, los jugadores del Partizan entonaron la canción “Currucucú Paloma”, de origen mexicano pero muy conocida en Europa y que le caía simpática a los yugoslavos.
Una de las figuras del Partizan era el arquero Curkovic que luego actuara en el Saint Etienne de Francia junto a Michel Platini y el defensa argentino Osvaldo Piazza. Marcaron época ganando ligas y copas entre 1974 y 1977 pero además Curkovic nunca recibió amonestaciones ni expulsiones en su prestigiosa carrera.
Al margen del Pentagonal, por tercera ocasión el entrenador argentino Ernesto Candia logró ascender a un equipo a Primera División. En este caso fue el Zacatepec. 
Triangular en Torreón
25/07/1971 Laguna 5 Independiente 5
27/07/1971 Torreón 0 Independiente 0
01/08/1971 Torreón 3 Laguna 1
Posiciones: Torreón 3 puntos, Independiente 2, Laguna 1
Goleadores: Maglioni (Independiente) y Tíbor Vigh (Torreón) con dos tantos cada uno.
Torneo Relámpago La Laguna
06/08/1971 Laguna 2 Torreón 0
06/08/1971 Cruz Azul 1 Rosario Central 1 (9-10)
08/08/1971 Torreón 1 Cruz Azul 0
08/08/1971 Laguna 1 Rosario Central 1 (9-6)
Rosario Central hizo una gira de nueve partidos que abarcó Perú, Guatemala, Honduras, El Salvador y México. Solo perdió el primero 3-2 ante un combinado de Lima formado por Alianza y Municipal. En El Salvador venció 3-2 a Universitario de ese país. Banfield empató 2-2 con Olimpia de Honduras en la mencionada nación.
II Torneo Ciudad de México
10/08/1971 Atlante 1 Alemania Oriental 2
11/08/1971 América 2 Nacional de Montevideo 2 (3-4)
13/08/1971 Atlante 3 América 2
13/08/1971 Nacional de Montevideo 1 Alemania Oriental 1 (5-5*) 
* El desenlace se produjo cuando la serie estaba igualada 5-5. El arquero brasileño Manga ejecutó su penal, lo convirtió y al querer festejar, intentó rematar nuevamente el balón; la primera vez no pudo, y la segunda pisoteó involuntariamente a su colega Croy. Como consecuencia de ello, el portero de Alemania Oriental se lesionó, pero como su equipo no quiso incluir al suplente, se anunció por el altoparlante que los teutones se retiraban y Nacional era el ganador, algo que ratificó la Federación Mexicana de Futbol dos días después luego de una esperada decisión. Cabe agregar que en el momento del choque entre los dos arqueros se desató una gresca por parte de ambos bandos y cuando se calmaron los ánimos Nacional reclamó el trofeo, mismo que le fue denegado hasta no conocerse la sentencia. Nacional se coronó Campeón del cuadrangular y horas después se comprobó que Croy no tenía lesiones.
Varios elementos de Alemania Oriental luego jugaron en el Mundial 74.
América de México venció 5-2 a la selección de Tahití luego de ir 2-1 abajo, y 5-0, en Papeete. Tahití a su vez venía de ganarle a La Serena de Chile.
Gira de Colo Colo de Chile
12/08/1971 Veracruz 0 Colo Colo 0 (4-4*)
15/08/1971 León 2 Colo Colo 1
18/08/1971 Torreón 0 Colo Colo 3
* Curiosidad: Al estar igualados 4-4 en la serie de penales, se decidió terminar la contienda por lo avanzado de la hora, siendo uno de los pocos casos en el mundo donde se registró un empate en esta instancia.
Para esta gira de cinco partidos, el Colo Colo de Chile tenía al delantero Carlos Caszely, que triunfó en el futbol de España y jugó los Mundiales Alemania ’74 y España ’82 con la selección de su país. También estaba el delantero brasileño Elson Beiruth que había anotado los goles del triunfo por 2-1 sobre Unión Española para la coronación de su equipo a nivel local y salió en hombros de los hinchas. Hasta entonces, el mejor extranjero de la historia colocolina. También integraban el plantel chileno Leonel Herrera y Sergio Messen 
II Torneo “Ciudad de Guadalajara”
Estuvo en disputa la Copa Benito Juárez
23/07/1972 Combinado Mexicano 1 Colonia 1 (3-2)
23/07/1972 Nuevos Valores 0 Atlético Mineiro 0 (3-1)
26/07/1972 Atlético Mineiro de Brasil 1 Colonia de Alemania Federal 1 (5-4)
26/07/1972 Combinado Mexicano 2 Nuevos Valores 3
Posiciones: Selección de Nuevos Valores, México, Atlético Mineiro y Colonia (Alemania Federal)
Goleador: Muciño (Selección de Nuevos Valores) con dos tantos
A los jugadores del Colonia los sancionaron con cinco marcos por errar siete penales en las series ejecutadas ante México y el Mineiro.
LV Aniversario del Club Atlante
07/08/1973 Atlante 0 Boca Juniors 2
El partido sirvió para celebrar el cumpleaños 55 del Atlante. Previo al mismo se jugó un encuentro entre veteranos de Atlante y el Guadalajara (0-2). Fernando González, presidente del club azulgrana, hizo entrega de una medalla de oro y otras joyas al Presidente Honorario, que lo había sido efectivo durante muchos años, General Juan Manuel Núñez. Luego el propio General distinguió a los jugadores campeones de 1946-47 con diplomas.
Gira de Chacarita Juniors de Argentina
25/09/1973 México 2 Chacarita Juniors 2
26/09/1973 Selección Jalisco 1 Chacarita Juniors 1
30/09/1973 Tecnológico de Celaya 3 Chacarita Juniors 1
02/10/1973 Querétaro 1 Chacarita Juniors 2
04/10/1973 Torreón 4 Chacarita Juniors 3
VIII Pentagonal “Azteca de Oro” en México D. F. 
Todos los partidos en el Estadio Azteca. Se llevó a cabo para festejar el octavo aniversario del famoso recinto
Martes 28/05/1974 Atlante 3 Independiente 3
Goles: Villar (3); Bertoni, Zamora (ec) y Moreno
Con el Atlante debutó el argentino Alberto Villar.
Jueves 30/05/1974 Atlante 1 América 1
Arbitro: Dorantes
Goles: Villar; Hernández (p)
Jueves 30/05/1974 Atlético Español 1 Inter de Milán 5
Goles: Manzo; Moro, Massa, Moraro, Crespín y Scala
Sábado 01/06/1974 Atlante 1 Inter de Milán 2
Goles: 52 Mazza y 79 Cristín; 
Domingo 02/06/1974 América 1 Independiente 1
Goles: 89 Giribet (p)
En este juego debutó el argentino Silvio Fogel
Martes 04/06/1974 América 3 Atlético Español 0
Goles: Enrique Borja (3)
Jueves 06/06/1974 Atlético Español 3 Atlante 1
Goles: González (2) y Brandón; Alberto Villar (p)
Jueves 06/06/1974 Independiente 1 Inter de Milán 0
Gol: Ricardo Galván
Sábado 08/06/1974 Atlético Español 2 Independiente 5
Domingo 09/06/1974 América 0 Inter de Milán 1
Posiciones: 1° Inter de Milán, 2° Independiente, 3° América, 4° Atlante y 5° Atlético Español.
Curiosidad: Según el Reglamento de Espectáculos de la época la llegada de Independiente al país no estuvo en tiempo, ya que exige que un equipo extranjero esté en suelo mexicano 48 horas antes del partido.
Cuadrangular en Guadalajara
16/06/1974 América 0 Newell’s Old Boys 0 
16/06/1974 Atlas-Jalisco 2 Rosario Central 5
20/06/1974 América 1 Rosario Central 2
20/06/1974 Atlas-Jalisco 1 Newell’s Old Boys 6
25/06/1974 Atlas-Jalisco 4 América 1
25/06/1974 Rosario Central 0 Newell’s Old Boys 0
Posiciones: Rosario Central de Argentina 5 puntos, Newells Old Boys de Argentina 4, Combinado Atlas-Jalisco 2 y América 1.
Goleador: Carril (Rosario Central) con cuatro tantos
ROSARIO CENTRAL 0 NEWELLS OLD BOYS 0
25 de junio de 1974
Estadio Jalisco de Guadalajara
Árbitro: Arturo Yamasaki (regular)
ROSARIO CENTRAL: Carlos Angel Biasutto, Jorge José González, Aurelio Pascuttini, Daniel Pedro Killer, Burgos, Carlos Aimar, Solari y Hugo Zavagno (72 Víctor Mancinelli), Saldaño, Carril y Daniel Aricó (72 Risaletto). DT: Carlos Timoteo Griguol.
NEWELLS: Alberto Carrasco, Andrés Rebbotaro, José Luis Pavoni, Armando Rafael Capurro, Pastor Barreiro, Carlos Picerni, José Orlando Berta, Mario Nicasio Zanabria, Santiago Santamaría, Alfredo Domingo Obberti y Manuel Magán.
La crónica del diario ESTO señala en general que fue un partido muy luchado, destacando sobre todo el buen nivel del futbol argentino, la conocida rivalidad de ambos, etc. "Lucha reñida y perfiles brillantes" dice en algunos renglones como así también que fue una "justa igualada" donde hubo "muchas jugadas de riesgo en los arcos". Los 20 minutos finales se jugaron bajo un diluvio y bajó la calidad del encuentro. Cabe destacar que Rosario Central no pudo contar con Mario Kempes ni Aldo Poy, afectados a la selección de Argentina.
Gira de Huracán
30/07/1975 U. De G. 2 Huracán 2
29/08/1975 U. N. L. 1 Huracán 1
PARTIDO AMISTOSO
07/09/1975 Toluca 2 River Plate 0. Goles: Mario Medina y Eleuterio López Patlán
Gira de Necaxa a la Argentina
En enero de 1970, Necaxa de México jugó un Pentagonal en Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina ante Boca Juniors (0-2), Independiente (1-2), Racing Club (0-2) y Vélez Sarsfield (1-1, gol de Albino Morales). Terminó en el quinto lugar.
México 1975
En agosto de 1975 se disputó un cuadrangular en el Estadio Azteca con la participación de México, Argentina, Costa Rica (olímpico) y Estados Unidos. El evento se llamó “México 1975” y las selecciones quedaron en el orden citado. En Argentina atajó Ricardo La Volpe, que desde 1978 se afincó en tierras mexicanas con una dilatada trayectoria como jugador y DT.
Juegos Panamericanos 1975
Del 13 al 25 de octubre de ese mismo año se disputaron en el DF los Juegos Panamericanos. México y Brasil compartieron la medalla de oro luego de igualar la final 1-1, donde se produjo un corte de luz en el estadio Azteca, que provocó el abrupto final cuando se jugaba el alargue. Argentina dirigida por César Luis Menotti fue tercera y Costa Rica cuarta. 


FUENTES CONSULTADAS:
.. Diario Esto
.. Revistas Balón y FUTBOL Colección de Oro
.. “Historia estadística del Futbol Profesional en México” 1943-1996 de Isaac Wolfson. 1996.
.. “Futbol Mexicano Glorias y tragedias” 1929-1992 de Fernando Mejía Barquera. 1993.
.. “Triunfos y tristezas del equipo tricolor” de García Pimentel-Forastieri-Sánchez. 1995.


Imagen de Ricardo La Volpe, un argentino de brillante trayectoria en México, cuando era arquero. Crédito: El Gráfico y arquerojugador.com.ar


Ocurrió en 23 de abril

1922. Argentinos Juniors juega su primer encuentro en Primera División (Asociación Argentina). Es derrotado 5 a 0 por Huracán.

1925. Nacional de Montevideo inicia su memorable gira por Europa, la primera de su historia, ganando en Mallorca al equipo local de Manacor por 13 a 1.

1939. En la sexta fecha del campeonato, dos jugadores anotan cinco goles: Arsenio Erico (Independiente)  a Vélez (5 a 0) y Luis María Rongo (River) a Ferro (8 a 0).


Noticias gentileza de Ricardo Gorosito y Jorge Gallego.

sábado, 22 de abril de 2017

Futbolistas galeses en Argentina

Por Jorge Gallego (socio del CIHF).


Los jugadores oriundos de Gales, existieron en el Valle Inferior del Chubut (Rawson, Trelew, Dolavon, Gaiman etc.).


Está claro que esa, como tantas otras regiones argentinas, no forma parte de los "circuitos" de historiadores o estadígrafos.


La región fue la primera de la Patagonia con algún atisbo de fútbol. Los antecedentes del siglo
XIX hablan de marinos británicos en Puerto Madryn y ferroviarios del mismo origen en la construcción de la línea férrea entre este puerto y Trelew.

Es seguro que entre los apellidos que citaré la mayoría sean descendientes de galeses, pero puede haber nacidos en su "Madre Patria".

Gaiman y Trelew se enfrentaron el 25 de mayo de 1908. Los equipos alinearon a 20 apellidos galeses, uno "diferente" (A. Márquez) y otro desconocido. Hubo 4 Jones, 2 Evans y Davies, entre otros.
Jones es el apellido más frecuente de Gales; Davies el tercero.

En las filas del Trelew AC (fundado en 1911) jugaron tres exprofesionales de la FA (Liga Inglesa). Arribaron a la zona para trabajar en el Ferrocarril Central Chubut.
En 1912 Trelew derrotó a Gaiman 1:0, Howell Jones, autor del gol. Fue una nueva edición de la "Copa Italiana".

En 1929, 3 jugadores del "Valle" reforzaron al combinado de Comodoro Rivadavia en el debut patagónico (X Campeonato Argentino). Uno de los alistados fue Eirig Ap Howells, del National Racing Club de Trelew.



Monograma del primitivo National Racing Club de Trelew conservado en el club, hoy con el nombre de Racing Club de Trelew.

Ocurrió en 22 de abril

1894. Por el campeonato de primera división, el Rosario Athletic Club venció al Lobos A.C. por 5 a 0. Fue la única temporada que los rosarinos jugaron el torneo porteño de esa categoría donde finalizaron subcampeones detrás del Lomas Athletic.

1904. La Football Association de Londres le otorga la afiliación a la Asociación Argentina.

1920. Defensores Football Club cambia su antigua denominación por el actual Defensores de Belgrano.

1934. Debutan en Boca tres extranjeros: Moisés y Bibí (brasileños) y el chileno Roberto Santiago Lucco.

1935.  Posadas, Misiones . Fundación de la actual Liga Posadeña de Football. Primer campeón: Club Deportivo Unión. Diversas organizaciones habían regido al futbol local, a partir de 1921.  

1945. Debuta René Pontoni en San Lorenzo, que le ganó 4 a 1 a Gimnasia en La Plata. Anotó tres goles.

1951. Se inaugura el actual estadio de Vélez, que le gana a Huracán 2 a 0. Carmen Raúl Nápoli a los 5' anotó el primer gol.

1951. El arquero de Quilmes Alberto Leoncio Favalli detuvo dos penales a Francisco Antuña y Arturo Buján de Atlanta.

1973. Alberto "Perico" Pérez le detiene dos penales a Miguel Brindisi. River le ganó 1 a 0 a Huracán.

1974. Cerro de Pasco, Perú. Fundación del Unión Minas Volcán. Este centro minero se halla a 4.378 metros sobre el nivel del mar. Su estadio, “Daniel Sanchez Carrión”, es considerado por FIFA como el más alto que existe. Unión Minas jugó en 1ª División entre 1986 y 2001.


Noticias gentileza de Ricardo Gorosito y Jorge Gallego.

viernes, 21 de abril de 2017

Roberto Oscar "Pipo" Ferreiro

Por Claudio Keblaitis, socio del CIHF.


FERREIRO, Roberto Oscar “pipo”:
Nació en Avellaneda el 25 de abril de 1935, falleció el 20 de abril de 2017.

Menor de 7 hermanos, comenzó a fatigar los mismos potreros de Sarandí linderos con el arroyo del mismo nombre que años después verían crecer a Ángel Clemente Rojas, Roberto Perfumo, Raúl Bernao, Miguel Ángel Santoro. No solo le daba a de cuero, sino que también practicó diversos deportes: atletismo en el “Instituto Atlético Cultural” de Sarandí, basket en “Infantiles y Cadetes”, también gustaba del ciclismo pero era un deporte caro para las familias del barrio. Cursó varios años en el Colegio Industrial en la especialidad de técnico mecánico, carrera que dejó por el fútbol.

A los 14 años comenzó a jugar en el Club 25 de Mayo de Sarandí donde jugó varios torneos barriales que organizaba el Club All Boys de Avellaneda, convencido por su primo decidió probarse en Independiente donde fichó para la Cuarta División en 1954. Ya en 1955 se hizo dueño del sector derecho del mediocampo de la Tercera División.  El buen nivel de Alberto Arcángel Britos, prolongó demasiado el debut de Ferreiro, hecho éste que recién se produjo el 12 de noviembre de 1958 ante San Lorenzo de Almagro en Boedo (1 a 0 para los Diablos Rojos).

El técnico rojo de ese momento (Alejandro Galán “Jim Lópes”) había sido el introductor de la línea de 4 en el fondo de varios equipos argentinos, Independiente entre ellos y pipo Ferreiro fue el novedoso marcador de punta derecho que asfixiaba al wing izquierdo rival sobre la raya de cal.
Allí comenzó una extensa y exitosa carrera que se prolongaría por 244 partidos en los cuales no convirtió ningún gol. Fue Campeón de AFA en 1960 y 1963 y del primer Torneo Nacional en 1967, obtuvo las Copas Libertadores de América ediciones 1964 y 1965. Solamente fue expulsado en dos ocasiones en el fútbol local y una en la Copa de 1964 ante el Milan: fue considerado por compañeros, rivales y árbitros como uno de los jugadores más correctos y leales del fútbol de la época.

Entre 1962 y 1966 disputó en la Selección Nacional 20 partidos, debutando con la albiceleste el 7 de noviembre de 1962 ante Chile por la Copa Dittborn, despidiéndose en el Mundial de Inglaterra.

Luego de obtener el Nacional 67 fue dejado en libertad de acción por Independiente, quedando resentido por ésto, dado que Ferreiro consideraba que tenía mucho más para darle al Club. No obstante fue otra institución de primer nivel quien se interesó en su concurso y de inmediato firmó para River Plate. Allí tras una breve adaptación al nuevo aire, se consolidó como titular, pero sufriendo las consecuencias de la prolongada sequía de títulos que padecieron los millonarios en los años ’60.
Ya con la fatiga propia de una larga trayectoria abandonó River para probar fortuna en Millonarios de Colombia a los fines de hacer alguna diferencia económica. Allí colgó los botines de manera definitiva.

Una vez retirado y tras un breve paso por la actividad comercial, inició una exitosa carrera como Director Técnico, con momentos cumbres como la obtención de la Copa Intercontinental con Independiente el 28 de noviembre de 1973. Con los Rojos también conquistó las Copas Libertadores edición 1974 y la Interamericana de ese mismo año, contribuyendo a la generación del apodo Rey de Copas que acompaña a Independiente hasta nuestros días.
Otros equipos lo tuvieron como DT: Deportivo Morón, Nueva Chicago (con quien obtuvo el ascenso a Primera en 1981) Villa Dálmine, entre muchos otros.
Su última contribución como asesor técnico, ya con varios años a cuestas, fue la formación de la célebre “Piponeta”, reserva de Independiente que gozó de merecido prestigio en 2011 y 2012.

Pipo estuvo ligado también a emprendimientos solidarios como la Mutual de Ex Jugadores de Independiente y colaboró con Juan Carlos Guzmán y Rodolfo Michelli en la Fundación Solidaria de Ex Futbolistas Profesionales, donde fue tesorero.
Datos estadísticos: Ricardo Gorosito.

Roberto Ferreiro, en primer plano, en la tapa de la Revista El Gráfico.

Ocurrió en 21 de abril

1913.  La Plata, Buenos Aires. Fundación de la Federación Platense de Football. Desde 1936 es la actual Liga Amateur Platense.

1923.  ¿?, Turquía. Fundación de la actual Türkiye Futbol Federasyonu. Tiene cerca 4.300 clubes afiliados. Los más antiguos son: el Besiktas Jimnastic Külübü (1903) y el Galatasaray Spor Külübü (1905), ambos con sede en el sector europeo de Estambul.

1937.  Santiago de Chile. Fundación del CD Universidad Católica. Su primer título llegaría en 1949. Contó ese año con figuras de la talla del “Charro”  José M. Moreno y el golero Sergio Livingstone.


Noticias gentileza de Ricardo Gorosito y Jorge Gallego.

jueves, 20 de abril de 2017

El Hincha de Mempo Giardinelli

Nació en 1947 en Resistencia, Chaco. Es escritor y periodista. Sus principales obras son: La revolución en bicicleta (novela, 1980), El cielo con las manos (novela, 1981), Vidas ejemplares (cuentos, 1982), Luna caliente (Premio Nacional de Novela en México, 1983), Qué solos se quedan los muertos (novela, 1985), El castigo de Dios (cuentos, 1994), Santo oficio de la memoria (novela, VIII Premio Internacional Rómulo Gallegos, 1993) e Imposible equilibrio (novela, 1995). Fundó y dirigió la revista Puro Cuento entre 1986 y 1992. Sus obras han sido traducidas a una docena de lenguas.


Por Mempo Giardinelli


El 29 de diciembre de 1968, el Club Atlético Vélez Sarsfield derrotó al Racing Club por cuatro tantos a dos. A los noventa minutos de juego, el puntero Omar Webbe marcó el cuarto gol para el equipo vencedor que, diez segundos después, se clasificaba Campeón Nacional de fútbol por primera vez en su historia. 

A la memoria de mi padre, que murió sin ver campeón a Vélez Sarsfield.
-¡Goooooool de Velesárfiiiiiillllllll! -gritaba Fioravanti.
-¡Gol! ¡Golazo, carajo - saltó Amaro Fuentes, golpeándose las rodillas frente al radiorreceptor. 
Había soñado con ese triunfo toda su vida. A los sesenta y cinco años, reciente jubilado de correos y todavía soltero, su existencia era lo suficientemente regular y despojada de excitaciones como para que sólo ese gol lo conmoviera, porque lo había esperado innumerables domingos, lo había imaginado y palpitado de mil modos diferentes. Nacido en Ramos Mejía, cuando todo Ramos era adicto al entonces Club Argentinos de Vélez Sarsfield, Amaro estaba seguro de haber aprendido pronunciar ese nombre casi simultáneamente con la palabra "papá", del mismo modo que recordaba que sus primeros pasos los había dado con una pequeña pelota de trapo entre los pies, en el patio de la casona paterna, a cuatro cuadras de la estación del ferrocarril, cuando todavía existían potreros y los chicos se reunían a jugar al fútbol hasta que poco a poco, a medida que se destacaban, iban acercándose al club para alistarse en la novena división. 


Ya desde entonces, su vida quedó ligada a la de Vélez Sarsfleld (de un modo tan definitivo que él ignoró por bastante tiempo), quizá porque todos quienes lo conocieron le auguraron un promisorio futuro futbolístico sobre todo cuando llegó a la tercera, a los diecisiete años, y era goleador del equipo; pero acaso su ligazón fue mayor al morir su padre, un mes después de que le prometieron el debut en Primera, porque tuvo que empezar a trabajar y se enroló como grumete en los barcos de la flota Mihanovich y dejó de jugar, con ese dolor en el alma que nunca se le fue, aunque siempre conservó en su valija la camiseta con el número nueve en la espalda, viajara donde viajara, por muchos años, y aún la tenía cuando ascendió a Primer Comisario de abordo, en los buques que hacían la línea Buenos Aires-Asunción-Buenos Aires, y también aquel día de mayo de 1931, cuando el "Ciudad de Asunción" se descompuso en Puerto Barranqueras y debieron quedarse cinco días, y él, sin saber muy bien por qué, miró largamente esa camiseta, como despidiéndose de un muerto querido y decidió no seguir viaje, de modo que desertó y gastó sus pocos pesos en el Hotel Chanta Cuatro; después vendió billetes de lotería, creyó enamorarse de una prostituta brasileña que se llamaba Mara y que murió tuberculosa, trabajó como mozo en el bar La Estrella y se ganó la vida haciendo changas hasta que consiguió ese puestito en el correo, como repartidor de cartas en la bicicleta que le prestaba su jefe.


Desde entonces, cada domingo implicó, para él, la obligación de seguir la campaña velezana, lo que le costó no pocos disgustos: durante casi cuarenta años debió soportar las bromas de sus amigos, de sus compañeros del correo; de la barra de La Estrella, porque en Resistencia todos eran de Boca o de River; y cada lunes la polémica lo excluía porque los jugadores de Vélez no estaban en el seleccionado, nunca encabezaban las tablas de goleadores, jamás sus arqueros eran los menos vencidos, y Cosso, goleador en el '34 y en el '35, Conde en el '54, Rugilo, guardavallas de la Selección (quien se había erigido como héroe mereciendo el apodo de "El León de Wembley"), eran sólo excepciones. La regla era la mediocridad de Vélez y lo más que podía ocurrir era que se destacara algún jugador, el que, al año siguiente, seria comprado, seguramente, por algún club grande. Y así sus ídolos pasaban a ser de Boca o de River. Y de sus amigos, de sus compañeros de barra.
Claro que había retenido algunas satisfacciones: en 1953, por ejemplo, el glorioso año del subcampeonato, cuando el equipo termino encaramado al tope de la tabla, solo detrás de River. O aquellas temporadas en que Zubeldía, Ferraro, Marrapodi en el arco, Avio, Conde formaban equipos más o menos exitosos. Todos ellos pasaron por la Selección Nacional: Ludovico Avio estuvo en el Mundial de Suecia, en 1958, y hasta marcó un gol contra Irlanda del Norte. Amaro había escuchado muy bien a Fioravanti, cuando relató ese partido desde el otro lado del mundo, y se imaginó a Avio vistiendo la celeste y blanca, admirado por miles y miles de rubios todos igualitos, como los chinos, pero al revés, y por eso no le importó que a Carrizo los checoslovacos le hicieran seis goles, total 

Carrizo era de River.


Amaro podía acordarse de cada domingo de los últimos treinta y siete años porque todos habían sido iguales, sentado frente a la vieja y enorme radio, durante casi tres horas, en calzoncillos, abanicándose y tomando mate mientras se arreglaba las uñas de los pies. Entonces, no se transmitían los partidos que jugaba Vélez, sólo se mencionaba la formación del equipo, se interrumpía a Fioravanti cada vez que se convertía un gol o se iba a tirar un penal, y al final se informaba la recaudación y el resultado. Pero era suficiente.


Todos los lunes a las seis menos cuarto, cuando iba hacia el correo, compraba El Territorio en la esquina de la Catedral y caminaba leyendo la tabla de posiciones, haciendo especulaciones sobre la ubicación de Vélez, dispuesto a soportar las bromas de sus compañeros, a escuchar los comentarios sobre las campañas de Boca o de River.


Genaro Benítez, aquel cadetito que murió ahogado en el río Negro, frente al Regatas, siempre lo provocaba:


-Che, Amaro, ¿por qué no te hacés hincha de Boca, eh?
-Calláte, pendejo -respondía él, sin mirarlo, estoico, mientras preparaba su valija de reparto, distribuyendo las cartas calle por calle, con una mueca de resignación y tratando de pensar en que algún día Vélez obtendría el campeonato. Se imaginaba la envidia de todos, las felicitaciones, y se decía que esa sería la revancha de su vida.


No le importaba que Vélez tuviera siempre más posibilidades de ir al descenso que de salir campeón. Cada año que el equipo empezaba una buena campaña, Amaro era optimista, y se esforzaba por evitar que lo invadiera esa detestable sensación de que inexorablemente un domingo cualquiera comenzaría la debacle, la que, por supuesto, se producía y le acarreaba esas profundas depresiones, durante las cuales se sentía frustrado, se ensimismaba y dejaba de ir a La Estrella hasta que algún buen resultado lo ayudaba a reponerse.


Un empate, por ejemplo, sobre todo si se lograba frente a Boca o a River, le servía de excusa para volver a la vereda de La Estrella y saludar, sonriente, como superando las miradas sobradoras, a los integrantes de la barra: Julio Candia, el Boina Blanca, el Barato Smith, Puchito Aguilar, Diosmelibre Giovanotro y tantos otros más, la mayoría bancarios o empleados públicos, solterones, viudos algunos, jubilados los menos (sólo los viejitos Ángel Festa, el que se quejaba de que en su vida nunca había ganado a la lotería, aunque jamás había comprado un billete; y Lindor Dell'Orto, el tano mujeriego que fue padre a los cincuenta y siete años y no encontró mejor nombre para su hija que Dolores, con ese apellido), pero todos solitarios, mordaces y crueles, provistos de ese humor acre que dan los años perdidos.


En ese ambiente, Amaro no desperdiciaba oportunidad de recordar la historia de Vélez. Podía hablar durante horas de la fundación del club, aquel primero de enero de 1910, o evocar el viejo nombre, que se usó hasta el '23, y ponerse nostálgico al rememorar la antigua camiseta verde, blanca y roja a rayas verticales, que usaron hasta el '40 y que todavía guardaba en su ropero.


No le importaban las pullas, el fastidio ni los flatos orales con que todos, en La Estrella, acogían sus remembranzas. Como sucedió en el '41, cuando Vélez descendió de categoría y Diosmelibre sentenció "Amaro, no hablés más de ese cuadrito de Primera B", y él se mantuvo en silencio durante dos años, mortificado y echándole íntimamente la culpa al cambio de camiseta, esa blanca con la ve azul, a la que odió hasta el '43, una época en la que las malas actuaciones lo sumieron en tan completa desolación que hasta dejó de ir a La Estrella los lunes, para no escuchar a sus amigos, para no verles las caras burlonas.


Pero lo que más le dolía era sentirse avergonzado de Vélez. Tan deprimido estuvo esos años, que en el correo sus superiores le llamaron la atención reiteradamente, hasta que el señor Rodríguez, su jefe, comprendió la causa de su desconsuelo. Rodríguez, hincha de Boca y hombre acostumbrado a saborear triunfos, se condolió de Amaro y le concedió una semana de vacaciones para que viajara a Buenos Aires a ver la final del campeonato de Primera B.


Era un noviembre caluroso y húmedo. Amaro no bajaba a la Capital desde aquella mañana en la que abordó el "Ciudad de Asunción", rumbo al Paraguay, para su último viaje. La encontró casi desconocida, ensanchada, más alta, más cosmopolita que nunca y casi perdida aquella forma de vida provinciana de los años veinte. No se preocupó por saludar al par de tías a quienes no veía desde hacía tanto tiempo, y durante cinco días deambuló por el barrio de Liniers, recordando su niñez, rondando la cancha de Villa Luro, y el viernes anterior al partido fue a ver el entrenamiento y se quedó con la cara pegada al alambrado, deseoso de hablar con alguno de los jugadores, pero sin atreverse. Le pareció, simplemente, que estaba en presencia de los mejores muchachos del mundo, imaginó las ilusiones de cada uno de ellos, los contempló como a buenos y tiernos jóvenes de vida sacrificada, tan enamorados de la casaca como él mismo, y supo que Vélez iba a volver a Primera A.


Aquel domingo, en el Fortín, las tribunas comenzaron a llenarse a partir de las dos de la tarde, pero Amaro estuvo en la platea desde las once de la mañana.


El sol le dio de frente hasta el mediodía y el partido empezó cuando le rebotaba en la nuca y él sentía que vivía uno de los momentos culminantes de su existencia. Se acordó de los muchachos del correo, de la barra de La Estrella, de todos los domingos que había pasado, tan iguales, en calzoncillos, pendiente de ese equipo que ahora estaba ante sus ojos.


Le pareció que todo Resistencia aguardaba la suerte que correría Vélez esa tarde. De ninguna manera podía admitir que alguno deseara una derrota. Lo cargaban, sí, pero sabía que todos querrían que Vélez volviera jugar en la A al año siguiente.


Miró el partido sin verlo, y lloró de emoción cuando el gol del chico ése, García, aseguró el triunfo y el ascenso de Vélez. Y cuando salió del estadio tenía el rostro radiante, los ojos brillosos y húmedos, las manos transpiradas y como una pelota en la garganta; pero la pucha Amaro, un tipo grande, se dijo a sí mismo, meneando la cabeza hacia los costados, y después pateó una piedra de la calle y siguió caminando rumbo a la estación, bajo el crepúsculo medio bermejo que escamoteaban los edificios, y esa misma noche tomó La Internacional hacia Resistencia.


Desde entonces, cada domingo, Amaro se transportaba imaginariamente a Buenos Aires, era un hombre más en la hinchada, revivía la tarde del triunfo, se acordaba del pibe García y lo veía dominar la pelota, hacer fintas y acercarse a la valla adversaria. Y todas las tardes, en La Estrella, cada vez que se discutía sobre fútbol, Amaro recordaba:


-Un buen jugador era el pibe García. Si lo hubiesen visto. Tenía una cinturita...
O bien:
-¿Una defensa bien plantada? Cuando yo estuve en Buenos Aires...
Y cuando los demás reaccionaban:
-¡Qué me hablan de Boca, de River, de tal o cual delantera, si ustedes nunca los vieron jugar!


A medida que fueron pasando los años, Amaro Fuentes se convirtió en un perfecto solitario, aferrado a una sola ilusión y como desprendido del mundo. La vejez pareció caérsele encima con el creciente malhumor, la debilidad de su vista, la pérdida de los dientes y esa magra jubilación que le acarreó una odiosa, fatigante artritis y el reajuste de sus ya medidos gastos. Como nunca había ahorrado dinero, ni había sentido jamás sensualidad alguna que no fuera su amor por Vélez Sarsfield, su vida continuó plena de carencias y nadie sabía de él más que lo que mostraba: su cuerpo espigado y lleno de arrugas, su pasividad, su estoicismo, su mirada lánguida y esa pasión velezana que se manifestaba en el escudito siempre prendido en la solapa del saco, más con empecinamiento que con orgullo porque carajo, decía, alguna vez se tiene que dar el campeonato, ese único sobresalto que esperaba de la vida monótona, sedentaria que llevaba y que parecía que sólo se justificaría si Vélez salía campeón. Y quizás por eso aprendió a ver la esperanza en cada partido, confiado en que su constancia tendría un premio, como si alcanzar el título fuera una cuestión personal y él no estuviera dispuesto a morir sin haberse tomado una revancha contra la adversidad porque, como se decía a sí mismo, si llevé una vida de mierda por lo menos voy a morirme saboreando una pizca de gloria.


Casualidad o no, la campaña de Vélez Sarsfield en 1968 fue sorprendente. Tras las primeras confrontaciones, Amaro intuyó que ése sería el esperado gran año. Desde poco después de la sexta fecha, la escuadra de Liniers se convirtió en la sensación del torneo, y las radios porteñas comenzaron a transmitir algunos partidos que jugaba Vélez, en los clásicos con los equipos campeones, lo que para Amaro fue una doble satisfacción, puesto que también sus amigos tenían que escuchar los relatos y sólo se sabía de Boca o de River por el comentario previo o por la síntesis final de la jornada, como antes ocurría con Vélez, y éstas si son tardes memorables, gran siete, pensaba Amaro mientras tomaba un par de pavas de mate y hasta se cortaba los callos plantales, que eran los más difíciles, confiado en que sus muchachos no lo defraudarían.


Era el gran año, sin duda, y la barra de La Estrella pronto lo comprendió, de modo que todos debían recurrir al pasado para sus burlas. Pero a Amaro eso no le importaba porque le sobraban argumentos para contraatacar: los riverplatenses hacía diez años que salían subcampeones, los boquenses estaban desdibujados, y todos envidiaban a Willington, a Wehbe, a Marín, a Gallo, a Luna y a todos esos muchachos que eran sus ídolos.


-Goooooooool de Velesárfiiiiiilllllll!
La voz de Fioravanti estiraba las vocales en el aparato y Amaro, llorando, sintió que jamás nadie había interpretado tan maravillosamente la emoción de un gol. Vélez se clasificaba, por fin, campeón nacional de fútbol, tras cumplir una campaña significativa: además de encabezar las posiciones, tenía la delantera más positiva, la defensa menos batida, y Carone y Wehbe estaban al tope de la tabla de goleadores.


Pocos segundos después de ese cuarto gol, cuando Fioravanti anunció la finalización del partido, Amaro estaba de pie, lanzando trompadas al aire, dando saltitos y emitiendo discretos alaridos. Dio la tan jurada vuelta olímpica alrededor de la mesa, corrió hacia el ropero, eligió la corbata con los colores de Vélez y su mejor traje y salió a la calle, harto de ver todos los años, para esa época, las caravanas de hinchas de los cuadros grandes, que recorrían la ciudad en automóviles, cantando, tocando bocinas y agitando banderas.


Caminó resueltamente hacia la plaza, mientras el crepúsculo se insinuaba sobre los lapachos y las cigarras entonaban sus últimas canciones vespertinas, y frente a la iglesia se acercó a la parada de taxis, eligió el mejor coche, un Rambler nuevito, y subió a él con la suficiencia de un ejecutivo que acaba de firmar un importante contrato.


-Hola, Amaro -saludó el taxista, dejando el diario.
-A recorrer la ciudad, Juan, y tocando bocina -ordenó Amaro- Vélez salió campeón.
Bajó los cristales de las ventanillas, extrajo el banderín del bolsillo del saco y empezó a agitarlo al viento, en silencio, con una sonrisa emocionada y el corazón galopándole en el pecho, sin importarle que la solitaria bocina desentonara, casi afónica, con el atardecer, y sin reparar siquiera en el reloj que marcaba la sucesión de fichas que le costaría el aguinaldo, pero carajo, se justificó, el campeonato me ha costado una espera de toda la vida y los muchachos de Vélez, en todo caso, se merecen este homenaje a mil kilómetros de distancia.


Cuando llegaron a la cuadra de La Estrella, Amaro vio que la barra estaba en la vereda, ya organizada la larga mesa de habitués que los domingos al anochecer se reunían para comentar la jornada. Y vio también que cuando descubrieron al Rambler en la esquina, con la solitaria banderita asomándose por la ventanilla se pusieron todos de pie y empezaron a aplaudir.


-Más despacio, Juan, pero sin detenernos -dijo Amaro mientras se esforzaba por contener esas lágrimas que resbalaban por sus mejillas, libremente, como gotas de lluvia, y lo aplausos de la barra de La Estrella se tornaban más vigorosos y sonoros, como si supieran que debían llenar la tarde de diciembre sólo para Amaro Fuentes, el amigo que había dedicado su vida a esperar un campeonato, y hasta alguno gritó viva Vélez carajo y Amaro ya no pudo contenerse y le pidió al chofer que lo llevara hasta su casa.


Dejó colgado el banderín en el picaporte del lado de afuera, y entró en silencio. Hacía unos minutos que su corazón se agitaba desusadamente. Un cierto dolor parecía golpearle el pecho desde adentro. Amaro supo que necesitaba acostarse. Lo hizo, sin desvestirse, y encendió la radio a todo volumen. Un equipo de periodistas desde Buenos Aires, relataba las alternativas de los festejos en las calles de Liniers.


Amaro suspiró y enseguida sintió ese golpe seco en el pecho. Abrió los ojos, mientras intentaba aspirar el aire que se le acababa, pero sólo alcanzó a ver que lo muebles se esfumaban, justo en el momento en que el mundo entero se llamaba Vélez Sarsfield.




Tapa del El Gráfico con Vélez Sarsfield campeón nacional 1968.