jueves, 15 de enero de 2015

Los Céspedes y una tragedia

SÁBADO, 9 DE NOVIEMBRE DE 2013

Por Ricardo I. Gorosito

El fútbol tiene miles de historias. De triunfos, de derrotas, de alegrías y de tristezas. Pero también las hubo de tinte dramático, como esta que relataremos y que sucediera en la vecina orilla.

El siglo XIX llegaba a su fin. Un grupo de estudiantes universitarios fundó en Montevideo el Club Nacional de Fútbol producto de la fusión de dos clubes: el Uruguay Atlético y el Montevideo F.C. Fue en la casa del Dr. Ernesto Caprario, al lado del actual teatro Verdi, el 14 de mayo de 1899. Y jugaban en Punta Carretas, lugar donde el incipiente fútbol oriental tejió sus primeras filigranas.
Un hombre alentó a esos pioneros. Fue don Eusebio Céspedes, un oriental hecho y derecho oriundo de Melo que ya no estaba para jugar al fútbol, pero que en tres de sus cinco hijos vio cumplir su sueño de jugador.

Amílcar, Bolívar y Carlos comenzaron en equipos barriales cercanos a Paso Molino. Amílcar se inició en Titán y los tres luego jugaron en Artigas, pasando posteriormente al Albion, donde con apenas 15 años debutó Bolívar.
De allí a Nacional, donde se convertirían en los primeros grandes que tuvo el equipo tricolor en aquellos sus primeros pasos. Amílcar como arquero, Carlos, iniciado como puntero, pasó luego al medio del ataque y Bolívar, era un wing habilidoso y rápido.

El primero en llegar a la primera de Nacional fue Bolívar, el 2 de septiembre de 1900 ante Albion y el 31 de marzo de 1901 jugaron juntos por primera vez en el Parque Central ante la tripulación del H.M.S.Flora, buque inglés anclado en Montevideo.
En 1902 y 1903 se consagraron campeones del certamen uruguayo y cuentan que luego de cada partido, don Eusebio recibía en su casa del barrio 19 de Abril a todo el equipo de Nacional para reponer energías.
En septiembre de 1903, por primera vez la selección uruguaya jugó en Buenos Aires con su similar argentina. Ante la negativa de Peñarol (por entonces C.U.R.C.C.) y el Deutscher de ceder a sus jugadores, fue Nacional el que asumió la representación. Y en ese equipo se lucieron esa tarde los tres hermanos Céspedes. Uruguay ganó por primera vez en Buenos Aires por 3 a 2 con dos goles de Bolívar y el restante de Carlos.

El de 1904 fue un año duro para el pueblo oriental. El alzamiento del caudillo blanco Aparicio Saravia contra el gobierno que presidía José Batlle y Ordóñez desató la guerra civil.
Varios futbolistas huyeron a Buenos Aires escapando del conflicto. Entre ellos los tres hermanos Céspedes, Gaudencio Pigni y Gonzalo Rincón. Los cuatro primeros recalaron en el Barracas Athletic, aquel club que naciera y muriera en la primera década del siglo XX. Escaparon a tiempo porque cuando el ejército los reclamó para cumplir con el servicio militar, no los encontraron.
El arco del Barracas lo ocupaba el legendario José Buruca Laforia, aquel vasco de gruesos bigotes y chambergo, que brillara luego en Alumni e Independiente. Generosamente, Laforia pasó a jugar de delantero para dejarle el puesto al recién llegado Amílcar.

En ese 1904, Peñarol y Nacional tenían que jugar la final del campeonato de 1903 que se postergó por la guerra. La Asociación Uruguaya fijó como fecha de realización la del 28 de agosto, momento en que los tres  estaban en Buenos Aires.
Peñarol contaba con sus titulares. Sus jugadores eran empleados ferroviarios y no estaban afectados al servicio militar. Pero sorpresivamente esa tarde los tres hermanos y Pigni aparecieron en la cancha. Según pudo saberse luego, el dirigente Pedro Manini Ríos había gestionado y logrado ante el presidente Batlle Ordóñez un salvoconducto por 24 horas  para que pudieran estar presentes. Nacional ganó el decisivo partido por 3 a 2. Bolívar anotó dos y el restante Carlos. Finalizada la guerra en septiembre y firmada la paz, volvieron a Montevideo.
El presidente oriental dejó una frase refiriéndose a este episodio: “No habían cometido delito alguno al huir;  no es delito negarse a empuñar las armas en una guerra entre hermanos…”

La temporada de 1905 se presentaba favorable para el equipo de Nacional. Vencedor de la Copa Uruguaya de 1902 y 1903 buscaban que el trofeo adornara definitivamente sus vitrinas si se la adjudicaban por tercera vez consecutiva.
El torneo se inició el 21 de mayo y Nacional obtuvo una cómoda victoria ante el Albion por 3 a 0.
Eufóricos por el triunfo, Carlos, Bolívar y Gonzalo Rincón se dedicaron esa noche a festejar. Un festejo que terminó trágicamente.

El historiador Eduardo Gutiérrez Cortinas hizo en 1979 una referencia al drama que se desató posteriormente.
Señala que luego de cenar en la fonda “El pinchazo” de Cerrito y Ciudadela, (“donde se pagaban dos vintenes (moneda de cobre de dos centésimos uruguayos) y se hacía esgrima con un tenedor en una enorme olla”), visitaron el Bajo (zona de tolerancia) y perdieron el último tranvía que salía poco después de la medianoche. Decidieron entonces dormir en un “hotelucho” de la zona portuaria.
Según parece, Bolívar durmió en la misma cama que la tarde anterior había ocupado un brasileño atacado de viruela y que había sido llevado a una zona de aislamiento.

Una semana después, cuando Nacional le ganó 1 a 0 a Wanderers, Bolívar no pudo jugar porque los síntomas de la enfermedad ya eran evidentes. Esa misma noche del 28 de mayo, en el frente de la vivienda paterna de la calle Gil N° 1365, la “Casa de Desinfección de Gabriel Honoré” colocó un cartel con la terrible palabra: “Viruela”.
Luego de diez días de sufrimiento, Bolívar Céspedes murió en la madrugada del 9 de junio. Tenía apenas 21 años.
Pero la pesadilla no había terminado. Carlos, que lo cuidó junto con Delia, la única hermana mujer también se contagió y falleció el día 30 del mismo mes con sólo 20 años.
Delia, si bien sufrió la enfermedad, se salvó milagrosamente tras varios meses de pelear contra la muerte.
Fue ésta la más grande tragedia del fútbol uruguayo.

Pero la vida sigue y el 23 de julio Amílcar ya estaba otra vez en el arco de Nacional que le ganaba 1 a 0 a Peñarol por la Copa de Honor.
No obstante fue por poco tiempo. En 1908 pasó al Albion y cuando los “azul-grana” de William Poole desaparecieron antes de terminar la temporada, decidió abandonar el fútbol y dedicarse al comercio hasta su muerte el 13 de junio de 1940.
Delia murió en 1956 y el menor, Ernesto, en noviembre de 1971. En su homenaje, el campo de Deportes de Nacional lleva el nombre de “Los Céspedes”.

La muerte de Bolívar y Carlos también estuvo envuelta en la leyenda. Se dijo que no se habían vacunado y Amílcar sí. Nunca lo sabremos.

La única certeza es que los tres pertenecen a la historia grande de Nacional.


Fuentes consultadas:
100 años de gloria – Diario el País 2000 (Montevideo)
Eduardo Gutiérrez Cortinas – Fascículo 97 de “Estrellas Deportivas” – Julio de 1979.

Agradecimiento a Italo Moreno, socio del CIHF.

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